viernes, marzo 6

La hueva de viajar

A la mayoría, el viaje le resulta exótico, atractivo; deseable e insuperable. Creen que el lejano y desconocido mundo, no el de a la vuelta de la esquina sino el de la esquina de la vuelta, es mucho mejor que el propio. Mirar monumentos, aprender de otras culturas, paladear comidas raras, acaso malas, sin chile ni tortillas, o acaso buenas, con fideos, sesos o hígados encebollados, resulta un aliciente para el viaje. Tengo una amiga que escribió --hasta se ganó una beca del FONCA-- un poemario titulado --creo-- aeropuertos. Habla de la espera, de los encuentros, de los deseos. No estoy seguro cuántos haya visitado. Yo he visto unos cuantos: Guadalajara, Tijuana, México, Mérida, San Diego, Los Ángeles, Seattle, Vancouver, Winnipeg, Toronto, Montreal, Singapur, Melbourne, Sydney, Brisbane, Paris, Londres, Roma, Brindisi, Estocolmo, y otros que no recuerdo. No vi mucha poesía, pa`ser sincero. Casi siempre, lo único que vi, fueron las páginas de un libro que era mi compañero.
Entre más pasa el tiempo, más prefiero quedarme en casa. Hay quienes se ven atraídos a emprender un viaje alrededor del mundo. A mi francamente, ya comienza a darme hueva. Lo he venido haciendo, vuelta o media vuelta, una vez al año, por un mes, los últimos 3 años: Melbourne-Singapur-Paris-Roma-Brindisi-Roma-Estocolmo-Londres-Sydney-Melbourne; luego: Melbourne-Vancouver-Montreal-Toronto-Vancouver-Sydney-Melbourne.
La siguiente semana voy de nuevo: Melbourne-HongKong-London-Glasgow. Más aeropuertos, más libros, menos poesía. O acaso un poco: volaré con Charles Simic bajo el brazo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi amiga le pregunta a sus hijos de 8,10 y 12 años a que lugar del mundo les gustaria ir de Vacaciones. ¡Yo con subirme al aviòn!, dice el de 8.