martes, mayo 19

De vuelta a la isla


De vuelta a la isla, al agujero negro de una galaxia desconocida, a la tierra de nadie usurpada por una bola de bandidos. Piratas, reos y oportunistas; exiliados políticos, refugiados de guerra, de hambre, de miseria; hombres y mujeres en pos de un trozo de sueño americano, aunque esta no sea América, si empieza con A.
Aquí estoy como caído de un vuelo que iba a otro lado, a un destino que por fin llamaría casa. Ahora estoy como si estuviese yendo. Los primeros días todavía caminaba hacia la playa y miraba detenidamente al océano, aguzando la vista, esperaba la salvación pintada en un buque pesquero que me devolviera a casa. Pasado el tiempo, me hice flojo o me hice a la idea o simplemente ya no supe ni a dónde iba. Dejé de ir al mar. El café de la mañana me pateaba en el trasero y me decía: ponte a hacer algo, wey. Así fue como me hice a la idea de la vida aquí, en otro lado.
Es entonces que me siento frente al ordenador --pinches palabritas que se inventan los españoletes, ¿no?-- y me miro al espejo de la red. Si, porque plasmar las ideas de uno, si es que una que otra se tiene y unas que otras se tasajean, no es compartir sino afirmarse como ser humano en un mundo que ya no se sabe bien si es cierto. Me explico: al sentirme leído por un chino, me afirmo mexicano en Australia. Si un tapatío se mancha la camisa de chile de torta ahogada y se tira un pedo después de leer mi sarta de pendejadas, entonces respiro la tierra mojada y las nubes de humo que entran a la cantina de los Molachos --¿si se llama así, la que está en 16 de Septiembre, a unas cuadras de la jodonda de los pinches ilustres?.
Si, las letras no son más que una banalidad afeitada. Si los gatos de Monsi se dan el lujo de cagarle las letras y luego el muy cabrón las manda a los perioskidos pa´ que se las publiquen y le paguen por ello, ¿por qué no escupir en un blog que nadie lee, de a gratis?
Retomo la senda de El Rutinario como un compromiso a mi propia vanidad. Acaso los detonadores fueron la máquina de afeitar que recién compré y el esfuerzo de mi compadre por narrar sus pericias en el Parque Metropolitano. El Rutinario no solo se compromete con plasmar un montón de pendejadas con abuso del lenguaje, sino que me permite: sentirme en casa y escapar del pinche inglés aussie; dejar constancia de uno que otro arti-culito de divulgación que publico por ahí, uno que otro poemilla --aunque procuro ya no caer en la tentación, y algunas piezas de opinión que por lo general han de valerle madre a la humanidad. En fin, sea pue´.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Que gusto volver a leerte carnal.

Un abrazo y gracias por compartir las "pendejadas" que tan buenos ratos nos han hecho pasar ya desde hace un rato.

Diego Gómez Maurer dijo...

eso del compromiso con la vanidad me gustó compadre.

Escribir para uno mismo, la única alternativa real y honesta. Lo demás puro pedo seudointelectual que a nadie le interesa

un abrazo.

pd los pedo qeu te has de haber tirado con el chilorio mezclado con mole y frijoles garibaldis.
pobre de tu sra esposa