martes, mayo 26

Requiem por Mario Benedetti

Y qué chingados. A mí ni me gustaba Benedetti. Tampoco Girondo, aunque confieso que si vi la película del oscuro corazón de lado. Tampoco Sabines, aunque recuerdo a un ranchero que llevó un librito de poemas a Vancouver. Allá lo leímos. El Bulto se emocionaba al escuchar los poemas de Jaimito y, ya entradas las copas y los gallos, le soltaba uno que otro poemilla mío. Terrible, lo acepto, pero la bohemia hacía que lo terrible fuera alimento para el alma. Ese si estuvo bueno, pinche omarcito, aviéntatelo de nuevo, me decía el bulto, tirado en su colchón al lado de la cocina.

La poesía en tapatilandia es un artilugio para ligar a pseudo-intelectuales. Casi cualquiera cae por unos cuantos versos, malos casi siempre, repetidos o trozados en pedazos por un estúpido caliente que apenas sabe de dicción. Lo confieso y no me apeno de ello. La poesía es un arma de seducción que aún sirve allá en tepatilandia. Yo no se que tan efectiva pudiese ser acá entre los sajones.

Dicen que Benedetti fue como Neruda. No se, creo que Neruda si tuvo uno que otro verso rescatable. A Mario no veo de donde sacarle.

Y si no les gusta, aquí les van mis peores deseos: chingarse un libro de marito de principio a fin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

...debo confesar que cuando algún caballero pretende conquistar leyendo una poesía no hay más remedio que guardar silencio y apechugar la lastimera e incómoda ternura que esto provoca. En estos días casi ninguna cae por unos cuantos versos, sin embargo la palabra siempre será más seductora que algún teorema.
La Poesía es mundial y no una enfermedad particularmente Tapatía, lo que sí es una enfermedad de locales (por lo visto) es el desprecio por lo local.
Atte. Laura Avellaneda.