martes, junio 23

Test

Me sorprende el interés por la futilidad. Saber que se para seguir siendo o ver qué podría ser si tan solo fuese. Test. Prueba. Posibilidad. Si la pregunta conduce a la respuesta acertada, palomita. Pero, ¿cuál es la respuesta cuando se ignora la pregunta? Digamos. Tengo ganas de echar una caca --o liberar a Willy, como dice uno que otro de mis paisanos, en especial los del rumbo del Mercado de Abastos. Entonces, la respuesta es conocida. Desalojar la tripa. Sin embargo, a la pregunta de dónde tirarla, ¿se da una respuesta única? Pues en el escusado, no sea wey profe, diría alguno de mis estudiantes --aunque no los tengo, lo supongo. Qué pasa si uno vive en Singapur. ¿Te avientas a hacer en cucliclas y tirarlo a una tina de agua? O entre los arbustos, en Mazamitla, o en una fosa séptica, en Maruata, o enterrado en la arena, en Byron Bay. Va igual. De cualquier forma, la caca sale y ya no es propia cuando fuera anda.

Volvamos al test, a la prueba, a la necesidad de reforzarse en lo que uno es o lo que quisiera ser. Busco entre los tests que últimamente han realizado mis caralibro-amigos: una fue rey Arturo en otra vida, Jack Skellington como personaje de Tim Burton y es el príncipe Adam según Disney. Otra mide sus conocimientos sobre Bob Esponja, mientras que uno más se contempla en el Bar de Moe al darse cuenta que morirá entre los 30 y los 40, según otro test.

Dejemos al test y tornemos al exámen. Al tan --el chico-- temido, al que causa visitas al médico por justificantes de ausencia, mordidas, obsequios, favores y miraditas de lado a la maestra cuarentona, soltera, quedada, un cuanto cuanto deseable, nomás por hacer la malhora, por apuntar en el cuadernillo de historias, por honrrar al Marqués. Es ese el compulsivo, el que pasas o pasas porque sino te chingas. ¿Y si me chingo, qué chingados? Al cabo luego yo me los chingo, dice el morro aguzado. A mi me valde madre la escuela, dice la güera que enseña pierna al morrito excitado, esperando al príncipe encantado, al narco mediano o al político corrupto, católico y malencarado.

Pasa la edad y luego uno se da cuenta que los tests no son mas que una jalada. Que los exámenes sirvieron sólo para unos cuantos, los que los pasaron y luego se fueron a tomar chambas serias, la mayoría. También están los renegados. Yo era camionero antes de ponerme estas tetas, dice Agrado.

La sorpresa mayor es la de los pendejos que seguimos estudiando, sin miedo a la prueba, sabiendo que los test de MENSA están a nuestro nivel, que el test psicolosumadre que te aplican para entrar a vendedor de cambaceo en Sabritas está bien pelado. Los que pasamos el Toefl con uno u otro error y nos sentimos apeandos, mientras otros pasan años y años estudiando parados.

De que los hay, los hay, i´ñor.

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