sábado, julio 4

Parafernalia

Yo quiero ver a Dios viva, no muerta, dice la actriz principal de una de las películas de Subiela. Ver el universo entero en un grano de arena, dice  --creo,  lo supongo, o lo invento-- uno de los poemas de Blake. Yo no lo se de cierto... dice, decía, el chiapaneco, en voz alta, en Bellas Artes. Yo busco el momento. Lo cabrón de la búsqueda es que si sigues en ella, nomás no encuentras. Me explico: si estas en el momento, no lo ves porque lo vives; si lo ves es porque ya no existe, o vive pero fuera de ti. No, no le he chupado la panza a ninguna rana y tampoco creo querer hacerlo. Lo que me hace cabilar es el proceso en el que me encuentro. La puta tesis. Ya parece una condena en una isla, Malvinas, Marías, Alcatráz, Australia, da lo mismo.
Interludio. Yo no le creía a Pablo --aunque ya no se como ahora se llame-- cuando me contaba sobre la escritura perfecta, la de una frase, un punto. Así. Corto. Justo como el escritor catalán ese, del que estoy seguro guarda sus libros, libros cuidados, cuidadísimos. Hasta nos burlamos algún día M y yo sobre cómo parecía que nunca los había leído. Yo creo que si lo hizo. Los leyó. Luego compró otros, sin leer, para tenerlos. Volvamos.
El momento no es nada más que la vida. O sea, la mayoría vive sin darse cuenta. Allí es cuando en verdad están presentes. Al contemplar el presente me desdoblo en otro tiempo. Vaya parafernalia. No se por qué lo digo, pero lo escribo. La ceremonia: la de la vida. Sepa Dios.

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