Nunca tuvo nombre.
Ni recuerdo cómo la encontré.
La cargué en mi bolsillo
Como a un botón perdido
Excepto que no era un botón.
Películas de horror,
Cafeterías 24 horas,
Cantinas oscuras
Y salones de billar,
En calles capeadas por la lluvia.
Tuvo una existencia tranquila, sin notoriedad
Como una sombra en un sueño,
Un ángel en un alfiler,
Y luego se desvaneció.
Pasaron los años con hilera
De estaciones innombrables,
Hasta que alguien me dijo ¡esto es lo que es!
Y tan tonto que fui,
Me bajé en una plataforma vacía
Sin pueblo alguno a la mira.
Poema de Charles Simic, traducción Omar Rojas
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