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21 de junio de 2009

La silla

De alguna u otra manera --chueca, retorcida o recta-- la mayoría aspiramos a una silla. Desde niños --cuando en el kindergarten, los unos, o en el jardín de niños, los otros-- jugamos a las sillitas. Correr y correr al ritmo de la música, al rededor de una hilera de sillas mirando, una si y otra no, hacia un lado. El ritmo cambiaba, se aceleraba ya, disminuía y el corazón palpitaba más, saltando la vena del cuello, esperando el silencio para, súbitos, sentarse en la silla más cercana. Esto porque había suficientes sillas para todos menos uno. La simetría, ligeramente rota, nos llevaba a competir por un asiento.

Pasaron los años y las sillas fueron cambiando de forma, de lugar, de compañía. Canté en el coro en primero de secundaria; al cambiarme la voz me corrieron. Llegué a tercero, amigo del twinki y mirando con ojos raros al ciego. Pase automático por soportar a los maristas durante 9 años. Gané mi asiento en la prepa del Costa, la tan anhelada por unos, opción casi única para la mayoría de nosotros. Claro que hubo uno que otro renegado, relegado. Así pasó con el escultor, el que una vez salió en canal 4, con sus caballitos de plastilina. Estaban chingones, cómo no.

Ya en el Costa, las sillitas fueron moviendose. Le hegemonía marista se había resquebrajado un poco. Robamos a Nietzche de la biblioteca, cotorreamos con Soroastro, conversación indispensable en la adolescencia. Vomitamos el sillón de la casa de los papas de Julieta; también el vocho del panal y ganamos, definitivamente, la expulsión del club de Los Pinos. Topen esa, que alcabo, mi gusto es... cantamos.

Pasaron tres semanas de Edeprem. Llegó el momento de buscar otra silla aunque, primero, muchos decidimos andar un poco, vagabundear por el mundo de los que no se sientan sino que viven parados. Pendejos, aventureros, inocentemente salvajes, partimos a Vancouver. Justo como el Zana, el Hippie, Joy, Carlo y otros habían hecho unos años antes. A pesar de las largas horas de pie, flipando pizzas por los aires, logré encontrar una sillita, en los primeros tiempos del correo electrónico, en la biblioteca pública de Vancouver. Cuánto debo a ese recinto sagrado --puta frase hecha, pero me vale madre.
Allí lei tanto como pude, miles de libros, no miento. El mejor, el que sigue en mi memoria, es uno sobre un monje budista que se le aparece a un cabrón, uno de los tantos que escribieron la historieta Superman. Siempre olvido el nombre del libro y del autor. Era bueno.

Después de un año, regresé a Tapanatos, buscando una silla. Pagué caro por ella. Demasiado caro. Salinas ya había hecho de las suyas y nos había trocado el depa de Puerto Vallarta por una deuda larga. Me senté en la silla de licenciatura en informática y no se que chingados por un semestre en el Iteso. Todo bien. Buena banda. La Cantina del Oso. Sentarse en el cenicero. El segundo semestre fue incómodo. Me había perdido un poco en Vancouver. Tocaba regresar, tratar de reencontrarme, de recuperarme y verme a mi mismo desde otros ojos.

Partí a seguir andando. Pasó el tiempo. Años. 3 y medio. La vida era buena. Fui feliz. Lo acepto. Sin embargo, desconfié de la facilidad de las cosas, del eterno presente --Nietzche, de nuevo?-- y demás pendejadas. Necesitaba una silla, una que me diera nombre, título, fuerza en la sociedad de la cual ya me había desprendido.

Volví entonces. Me senté por 4 años y medio en sillas destartaladas del Cucei. Me titulé. Licenciado en Matemáticas. Tengo hasta mi cédula, no crean que ando inventando mamadas.

Ahora, en Melbourne, siento que ya llevo mucho tiempo sentado. Ya hasta tuve mis primeras almorranas. Hasta les tomé foto. No se donde estan, lo juro, sino las mostraba. Son lindas esas fotos. He tomado un asiento para buscar otro, uno supuestamente permanente. Una vez nombrado Doitor en Pelosofía, estaré en posibilidad de buscar la silla de Profe. Sin embargo, las piernitas se me mueven y no se si quiero seguir sentado.

Hay otras sillas en las que pienso. La silla del escritor, la del jugador de poker, la del que hace sexo-conversaciones por teléfono. Yo no lo se de cierto, lo supongo...

26 de mayo de 2009

Requiem por Mario Benedetti

Y qué chingados. A mí ni me gustaba Benedetti. Tampoco Girondo, aunque confieso que si vi la película del oscuro corazón de lado. Tampoco Sabines, aunque recuerdo a un ranchero que llevó un librito de poemas a Vancouver. Allá lo leímos. El Bulto se emocionaba al escuchar los poemas de Jaimito y, ya entradas las copas y los gallos, le soltaba uno que otro poemilla mío. Terrible, lo acepto, pero la bohemia hacía que lo terrible fuera alimento para el alma. Ese si estuvo bueno, pinche omarcito, aviéntatelo de nuevo, me decía el bulto, tirado en su colchón al lado de la cocina.

La poesía en tapatilandia es un artilugio para ligar a pseudo-intelectuales. Casi cualquiera cae por unos cuantos versos, malos casi siempre, repetidos o trozados en pedazos por un estúpido caliente que apenas sabe de dicción. Lo confieso y no me apeno de ello. La poesía es un arma de seducción que aún sirve allá en tepatilandia. Yo no se que tan efectiva pudiese ser acá entre los sajones.

Dicen que Benedetti fue como Neruda. No se, creo que Neruda si tuvo uno que otro verso rescatable. A Mario no veo de donde sacarle.

Y si no les gusta, aquí les van mis peores deseos: chingarse un libro de marito de principio a fin.

22 de diciembre de 2008

Espejo o carátula

Yo no se de qué trata esto del blog. Se supone que es una forma de vislumbrar hacia el pasado, de mirar un poco del futuro cuando ya se ha dejado atrás. Una especie de bahúl de los recuerdos, un cuadernillo donde los hechos se vuelven ficción. Sin embargo, luego se convirtió en escaparate para lectores desconocidos; no muchos pero sí unos cuantos. Lo peor, creo, fue cuando intenté hacerle llegar mi mensaje personalísimo a personas de carne y hueso, no que los lectores de la red no lo sean, pero me refiero a personas que conocía antes de la vida en la red. Después de la fiebre del escaparete el blog se convirtió en espejo donde me buscaba para saberme vivo, existente, aunque fuese sólo en el mundo virtual (y no es este mundo el que se está volviendo importante no en cuanto a la existencia pero si con respecto a la presencia?)
El título del blog: El Rutinario, pretendía hacer alusión a las ficciones de la realidad, a los acontecimientos rutinarios que se vuelven creíbles sólo cuando se leen como ficción. Para qué leer un blog cuando el contenido de los periódicos parece tal?
Ahora me pregunto si seguir o abandonar, si andar de frente por el mundo agreste o encararlo y ficcionarlo como sea posible, para hacerlo llevadero, para trocar una tragedia en comedia, como gusta hacer Woody Allen, no que lo haga con la misma destreza pero si con el mismo deseo de reir de la vida.
Lo que si, acepto, es que la necesidad de plasmar el pensamiento, valiendo madre quién lo lea, si es beneficial para la salud, la salud mental, la cordura y lo poco que llevo atado de ella. Intentaré, una vez más, volver a El Rutinario, escribir con tal de no morir, sin importar quién pierda o quién gane.
Sea pues...

7 de diciembre de 2008

Metales ligeros

Lo que pasa es que habemos hombres
forjados con metales ligeros.
Pasados unos cuantos años, la cuchara
pierde su molde.
La aleación de la que estamos hechos
cae a veces en una descomposición vil:
la ilusión de una vida no vivida hace
que la vida vivida sea más difícil vivir.

Pura pinche hojalata oxidada queda.

6 de diciembre de 2008

Hogar

A lo que uno llama hogar no es
más que un olor bien conocido.
Hubo un tiempo en que la senda a casa
se cubría de hojas de arce en el ocaso.
Esos fueron unos cuantos de los mejores años.
Luego llegó el deseo por ser alguien. Fue
entonces cuando me fajé la camisa, tiré la gorra y
los pantalones de mezclilla y dejé de ser para desear ser.

Entonces llegó el tiempo en que la senda a casa
se tornaba huidiza, serpenteante camino de noches largas.
Olía a pasto recién cortado, a tierra mojada, a magueyes
trozados por un machete y una luna bajo el cobertizo.

Viajé, recorrí muchas sendas. Partía cuando el olor se
volvía familiar. Así dejé la casa para buscar al hogar.

30 de noviembre de 2008

Sala de espera

El tedio de la vida moderna: las salas de espera, las estaciones de trenes, los asientos del vehículo por el que transitamos a diario. La gente que pasa, va y viene sin en verdad ir a ningun lado. En la ciudad no se avanza porque el laberinto se mueve a cada paso que uno da. Si giro a la izquierda, la ciudad se acopla y vira hacia el mismo lado.

Escribo estas líneas para tratar de asesinar a los minutos que se han interpuesto entre mi cita con el fisioterapeuta y mi codo con dos placas metálicas. He escapado temprano de la oficina. El viaje me ha tomado casi 3 horas. Los desvíos no me han llevado mas que al sitio al que quiero ir.

A veces es necesario dejar de moverse para poder llegar al destino propuesto.

15 de octubre de 2008

3 textos en el libro ¨La germinación oscura. Muestra de escritores jóvenes¨

He aquí los 3 textos seleccionados para ser publicados en el libro ¨La germinación oscura. Muestra de escritores jóvenes¨, editado por Bethsabe Ortega y, como ella dice

Dicho trabajo lo realicé con la colaboración del Maestro Jorge Souza y es una modesta investigación sobre las direcciones que está tomando la literatura de nuestro estado, particularmente de la zona metropolitana de Guadalajara.
Los 3 textos son:

Etcétera

a Jacques Roubaud

La poesía no calla nada.
Dice todo sin hablar siquiera.
Un sonido, una letra; uno que escucha y lee, es poema.
La poesía va más allá.
Se queda inmóvil, silenciosa.
Mira desde la distancia el paso del tiempo.
Siempre es presente.
En la interrogación de lo leído, en la adivinación de la palabra siguiente.
Uno escucha, otra escribe; los dos leen.
No está aquí, escrita en el papel, escuchada por otro.
La poesía es el otro: uno mismo que nunca es.
De tanto mirar y mirar, la vida se vuelve poesía.
Y la mirada, dilatación oblicua de una verdad mal entendida.
Sin poesía, no hay poema ni vida ni mirada.



Cash

Y en sus ojos el negro letargo de la noche
Safo


A veces preferimos cerrar los ojos y no ver.
A veces vemos y no sabemos por qué.
A veces elegimos olvidar, dejar pasar
andar de prisa, apresurados
sin voltear a un lado, sin mirar atrás.

Andamos porque no podemos decidir
temerosos del instante, orgullosos de lo ausente.

Si tan solo pudiéramos detenernos, preguntarnos
dejar andar a la conciencia, volar a ella, la imaginación.
Si tan solo el invierno fuera siempre blanco
los ríos dorados, y el bosque, el estado habitual.
Si tan solo pudiera decirte.
Si tan solo me escucharas, por un momento
desde la distancia indefinida, fortuita
de la noche que no amanece, de tu estar fuera, allá
en la profundidad de lo que nunca se puede olvidar.

A veces despierto justo a la media noche
en el inicio del día, tras borrar los deseos
del día anterior
de la vida anterior
del sueño que nunca se dio.
Porque volar es andar a paso lento; soñar,
amanecer de nuevo.

Ando por la noche,
en el negro letargo de la noche.
Y tus ojos… ¿estarán?




Meisterstuck azul

Afuera todos duermen.
El ventilador oscila, incesante; sin sueño.
Domingo: letargo de angostos pasillos por el mall.
El atardecer es el final del día; el crepúsculo,
el de la otra orilla.
Pesadez y ligereza mueven al átomo,
lo manipulan, lo observan; transforman
la luz en porcelanas quiméricas.

Verano. Las lluvias han comenzado.
La humedad refleja las partículas al viento,
suaviza las curvas milimétricas; juega con los humores
incinerándolos cual polvo de estrellas.

Aquí dentro el tiempo se detiene.
El segundero está roto; la música es la ola confiable
en el desierto, en las rocallosas; en mi pulgar izquierdo.

Juego con palabras; me mueven ellas.
Río en silencio; la soledad me devora por dentro.
Ladran los perros. Un perico se detiene frente a mi ventana;
nos miramos, callamos en un intento por abandonar el esfuerzo.
Compañía es un abrazo en el recuerdo, balancearse
frente a una tarde que huele a agujero negro.

La generalización del individuo está en la particularidad del mismo.
Afuera o dentro, el tiempo juega con tu esqueleto,
deteriora el andar de tu cuerpo, reinventa tu alma en el deseo
de conocer el misterio supuestamente verdadero: ¿por qué yo?

Chapuzón

a Arduro Suaves

Tirarse un chapuzón a las letras significa ignorar al olvido.
Justo como la prostituta bella de día que se reinventa de noche,
al calor de una huella de polvo amarillo.
O el cocodrilo dormido, más bien dormitando, acechando al
turista desprevenido en un río cerca de Brisbane.

Yo me arrojo de cabeza hacia la red de pixeles y corcholatas;
tal vez, allá al fondo, Chabelo me espere con una mejor catapicsia.

No --no es cuento; vida, quizás vida.
Y un chingo de ganas por escuchar a un periquetero.

5 de octubre de 2008

Sobre el boxeo y la violencia

A favor o en contra pero, muchos de nosotros, celebramos la violencia. Yo no me acuerdo de Tlatelolco --aún no había nacido-- pero si recuerdo la marcha de mayo del 2004 en Guadalajara, de la cual participé hasta antes de que la violencia se volviera consecuencia de jaloneos entre los impositores de la ley y los que romperla querían. Yo, como muchos otros, creo, estoy en contra de la violencia como forma de obtener garantías de libertad y paz. ¿Es posible luchar para dejar de luchar luego? ¿Es posible encerrar a la violencia dentro de un cuadrilátero y gozar al verla? Miro a mi país desde la distancia, desde la isla grande allí nomás, cruzando el Océano Pacífico. Leo las portadas de los diarios: muerte, asesinatos, bombas en las plazas públicas; rencillas viejas que se vuelven nuevas y más sangre derraman. Ya no el simple cuchillazo en un hombro sino la granada de mano al aire libre.
Digo que unos cuantos, acaso muchos, celebramos la violencia encuadrada al pensar en Rubén Olivares, ex-boxeador mexicano, uno de los grandes que tuvimos en la historia. Pienso en él después de ver un documental sobre Lionel Rose, el aborigen más joven en ganar un campeonato mundial de boxeo, allá en 1968, título que un año después le fuera arrebatado por Olivares. Sin embargo, pienso en Rose contra Olivares pero me llegan imágenes de JC Chávez o el Macho Camacho, a los cuales vitoreé siendo adolescente.
Ahora las marchas me son ajenas; al menos las que violencia llevan. El boxeo ya no es un deporte que mire en la caja negra y la muerte y la violencia que se viven en México no son más que unas cuantas letras en mi computador portátil. Ojalá también fuera así para mis compatriotas y familia, allá en mi querida tierra: Guadalajara.

26 de septiembre de 2008

Huellas

Una vez vivimos ante la posibilidad de ser. Demasiado
ocupados en el instante, vivimos sin mirar a la vida
pasar. Juventud: permanencia del momento.

Apuesto la conciencia --o el destilado que de ella quede,
a que la tormenta no es tormenta si truenos no lleva. O,
lo que es lo mismo, a que el presente no es huella
si no se mira desde lejos.

Supongo que hay puntos de dilución y estancamiento.

12 de septiembre de 2008

Días de lluvia y sol

Hay días en que la lluvia es porcelana oxidada.
Cae, rueda y se resquebraja. Silente no
tiene sueños encendidos ni pesadillas
empapadas de televisión.

Luego todo acaba. Noé sigue
esperando la señal de dios. Catrina, Ike o
el próximo remolino encanijado, pasan
y miran hacia el centro sin ver nada.


El óxido de la porcelana es el sol en el agua.
Lluvia, sol, televisión; un torbellino de días,
un amasijo de telarañas, un día en que el tiempo calla.

6 de septiembre de 2008

Sin título

Para abatir a la incesante pérdida de la memoria, no hay
placebo ni ostiones en su concha mejores que el sexo. No
uno de esos en los que se da la entrega total, donde el otro tras-
pasa los arrecifes y se mira reflejado desde el páramo opuesto; más
bien, si es que la consideración existe y la petulancia
de saberse vivo no es más que un artificio común, el sexo donde
el agujero es negro, el olor es de un desconocido y las bragas mancha-
das de sangre, un consuelo ante la vida.

Hoy duermo cubierto por la mancha de la vida. Me tiro
la almohada sobre la cabeza. Nohaynadaquenovalganada.

Quizás, sólo quizás, mañana amanezca.

21 de julio de 2008

Caos en orden

Convertía el caos en orden, aunque fuera al precio de lo que comúnmente se conoce como cordura.
(Roberto Bolaño, 2666)


Será que usas a las matemáticas para esconderte de tus sentimientos? Será que la cordura es la renuncia a la felicidad plena, a la vida bien vivida, momento a momento, sin evaluar quién pierde o quién gana?

Lo malo de la vida es que no es como un videojuego. En el PlayStation o XBox, uno puede oprimir START cuantas veces quiera, o simplemente darle STOP y no seguir más por el momento. Acaso el deseo sea de cambiar de vida, de estado de ánimo. Entonces, en lugar de un juego de espionaje uno decide insertar un DVD de carreras de motocicletas o autos Formula 1. Pero en la vida, la que no está en la pantalla, la llamada verdadera, uno ha de aferrarse al camino que tiene por delante. No es posible saltar -o si lo es pero no a la misma velocidad- de una vida a otra. Entonces, hay que seguir la senda, al costo de la cordura. Esto es, mirar hacia adelante, vislumbrar un camino y aferrarse a que por allí se llega. A dónde? Ni puta idea.

Hoy es cumpleaños de Ara.

2 de junio de 2008

Caminos

Siempre es lo mismo aunque siempre diferente. Rogelio recorre todo los días la misma senda.  Va, viene, aunque a veces viene y va. Yo vengo al escritorio, que más bien son dos escritorios en fila: uno para la mac y otro para la pc, uno para leer las noticias y escribir pendejadas y otro para hacer cálculos matemáticos y escribir artículos de ciencia. Al fin y al cabo lo mismo: dos lenguajes que no dicen nada a menos que alguien logre interpretarlos. Justo como el poker, donde uno juega a que sabe lo que los otros tienen y a que los otros no saben lo que uno tiene.

Valium

Hoy es mi tercer día en Valium. Los efectos han sido positivos. Al fin he logrado dejar de hacerme pendejo por un rato y sentarme ante el escritorio a trabajar. He terminado, favorablemente, un primer borrador del artículo sobre mapeos tropicales integrables en el plano, sus simetrías y las fotos de las curvas de nivel no compactas que generan. Ahora he de darle a las bifurcaciones de los mapeos con simetrías para tener algo que presentar en SIDE8.
Sí, voy a Montreal y lo confieso, el viaje no me tiene del todo exitado. Lo que me desanima es el viaje: Melbourne-Sydney-Vancouver-Montreal. Unas 30 horas, yo creo.
Pero al fin podré comer un poutin como dios manda...

1 de junio de 2008

Patria

Hoy repienso, después de meditar por varios días, sobre el concepto de la patria o el hogar, el lugar al que uno pertenece, el que todos llevamos dentro, donde la vida es verdadera y en donde en realidad deberíamos vivir, pase lo que pase por que allí, sólo en ese sitio, encontraremos la felicidad.
Tony es un siciliano que vivió 25 años en Argentina y ahora lleva más de 20 en Melbourne. Casado con una tapatía, de las meras buenas, de las que saben hacer pozole con cabeza de puerco y grano reventado, cree que la patria es el lugar al que uno llega después de deambular por el mundo. No el lugar que uno ha dejado sino al que uno llega. Será que uno se va para seguirse llendo o para volver?
Yo apenas he vivido 8 años fuera de México. Ahora me siento en la línea entre el retorno para siempre o en el exilio permanente. Será que la patria está a la vuelta de la esquina o faltará mucho para llegar a ella?

18 de mayo de 2008

Entre la cama y la mesa

Para un escritor, el viaje hacia el escritorio es el más difícil de lograr. Cientos de buenas historias se fraguan cada día sobre la cama o en el deambulaje citadino del aquí para allá. Si escribo sobre el escritor, y no sobre el plomero, carpintero o vendedor de seguros, es porque, al postrarme sobre el teclado blanco, encorvado ligeramente y con los dedos queriendo tocar el saxofón, me vuelvo un escritor, aunque sea de grafías inconexas o sinsentido -léase nonsense, al estilo de la época de Lewis Carroll-, y vierto el alma sobre las palmas de la mano. Si la identidad de una persona puede esclarecerse, gracias a sus huellas dactilares o a su dentadura, ¿quiere esto decir que la escritura y la gastronomía son pilares de la conciencia humana?
Sin embargo, de tantos viajes que uno hace, de tantos ires y venires entre mapas desconocidos, siempre hay un punto al que uno llama casa. Es allí, muy dentro, muy lejos, muy al fondo, donde uno se encuentra a sí mismo, de nuevo, sin historias que contar o viajes que plasmar sobre el teclado. Es entonces cuando uno se pregunta: si el viaje es viaje simplemente por serlo, ¿de dónde la necesidad de contarlo, de transmitirlo y volverlo digerible para otro, acaso ningún lector? ¿Para qué chingados escribir si puede que a nadie le importe un carajo lo que uno vaya a decir?
Ahora, en cuanto al traslado, ¿es necesario el movimiento para el viaje? ¿Puedo volar e ir de un mundo a otro sin despegar la espalda del sillón Ikea blanco de la sala de mi casa? ¿en qué consiste la capacidad de elección? Yo he viajado, no tanto como he querido, lo acepto, pero lo suficiente para hacerme de una visión del mundo occidental. De cierta manera he ido formando un juicio de valor sobre las posibilidades del viaje, no solo entre ciudades sino entre la cama y el escritorio. Mi elección sobre un `buen lugar´ radica en la posibilidad de hacer este viaje de la manera más placentera y con el mínimo de distracciones no deseadas. Si decido andar en bicicleta, me toma entre 17 y 22 minutos llegar al doble escritorio de la universidad. El camino es placentero para aquel que guste de la naturaleza: entre la cama y la mesa hay un trayecto que va a lo largo de un arroyo o riachuelo. Justo como si me transportara a los toboganes en el bosque La Primavera, a El Coto de la Autónoma o la última sección de Ciudad Bugambilias, por 20 minutos, para luego poder seguirle dando a la actividad intelectual, a la creación de patrones y esquemas inútiles pero que en un país `civilizado´ dan de comer. Así, escribo, y al hacerlo dejo que el viaje fluya y que alguien, acaso nadie, tal vez, se anime a seguir viajando. Acaso sea un mero intento por no pensar en la muerte.

19 de agosto de 2007

Cantos chinos

Sabes todo es finalmente

sólo una deshabitud incesante a morir y a lactar.

Stig Larsson



1.

Nada de cuentos chinos: ni Borges ni

Lao-Tze; travesías de aproximadamente cinco mil

kilómetros, eso sí. Miro al mundo vuelto bits,

reconstruido y reconstituido mediante señales eléctricas.

No hay dolor ni gozo extremo. Televisión y Zoloft, na-da-más.

Si la mira del telescopio apuntara siempre a donde

mismo, ¿dejaría de ser único? Suspendidas en la ne-

gra oscuridad de un beso, sueñan con la tierra roja,

la montaña árida y los arbustos escarchados del país

que siempre dice: ¡qué chingón soy!

Míralas, allí nomás; cientos, acaso miles. Pero, ¿de

dónde la sincronía?

Amaneció.

2.

Estúpidamente sosegada, casi inmóvil. No sé

quién soy. Escucho ruidos, ¿voces quizás? Afuera

todo es transparente, apenas mancillado por él.

Siempre –absurdo recurso de la memoria para apaciguar el dolor.

Siempre –instante de cuatro patas que ronda entre las hojas de eucalipto.

Acaso mañana. Sí, mañana sí.

Dicen que el viaje es largo pero yo les digo: si no es a

viajar, ¿a qué venimos? Emprenderemos el viaje uno de

estos días. No todas están listas; no todas llegarán.

Volaremos sobre el reflejo de los días, en la tierna ausencia

de la Luna otoñal. Nadie tiene el

mapa exacto; sin

embargo… ¿sabremos, en verdad sabremos, a dónde llegar?

3.

Para muchos, una sombra; sólo para unos cuantos fuimos

de verdad. Viramos en espiral desbarajustada. El centro

era hueco; el frío canadiense había quedado atrás.

Vivimos gracias a la muerte. Somos un esquema: re-

petición de la memoria genética. ¿Gaia quizás?



A publicarse en libro Mariposario de Ediciones Papalotzi.

26 de junio de 2007

Anti-homenaje a Valluelos

Con las moscas en la mesa, merodeando, insistentes.
La Isla de Mezcaltitán y su miadero sin puerta; el Bar de
Moe, el Oso Negro y tantos otros: nomás vamos aquí a la vuelta.
Una vez creí en la palabra. Prostituí a la poesía, me emborraché-con-ella.
Aquí, levantas una piedra y brinca un poeta…
poetas sin poemas,
poesía regurgitada por viuditas sin rosario, mozalbetes temerosos al fracaso,
licenciados propios y uno que otro obscurantista, panadero o albañil.
Yo me refugiaba de mí mismo bajo la sombra más clara: si corrí, lo hice
torpemente; si volé sin moverme, fue porque mi ángel briago andaba.


Para el Anti-taller de poesía César Vallejo