21 de junio de 2009
La silla
26 de mayo de 2009
Requiem por Mario Benedetti
22 de diciembre de 2008
Espejo o carátula
El título del blog: El Rutinario, pretendía hacer alusión a las ficciones de la realidad, a los acontecimientos rutinarios que se vuelven creíbles sólo cuando se leen como ficción. Para qué leer un blog cuando el contenido de los periódicos parece tal?
Ahora me pregunto si seguir o abandonar, si andar de frente por el mundo agreste o encararlo y ficcionarlo como sea posible, para hacerlo llevadero, para trocar una tragedia en comedia, como gusta hacer Woody Allen, no que lo haga con la misma destreza pero si con el mismo deseo de reir de la vida.
Lo que si, acepto, es que la necesidad de plasmar el pensamiento, valiendo madre quién lo lea, si es beneficial para la salud, la salud mental, la cordura y lo poco que llevo atado de ella. Intentaré, una vez más, volver a El Rutinario, escribir con tal de no morir, sin importar quién pierda o quién gane.
Sea pues...
7 de diciembre de 2008
Metales ligeros
forjados con metales ligeros.
Pasados unos cuantos años, la cuchara
pierde su molde.
La aleación de la que estamos hechos
cae a veces en una descomposición vil:
la ilusión de una vida no vivida hace
que la vida vivida sea más difícil vivir.
Pura pinche hojalata oxidada queda.
6 de diciembre de 2008
Hogar
más que un olor bien conocido.
Hubo un tiempo en que la senda a casa
se cubría de hojas de arce en el ocaso.
Esos fueron unos cuantos de los mejores años.
Luego llegó el deseo por ser alguien. Fue
entonces cuando me fajé la camisa, tiré la gorra y
los pantalones de mezclilla y dejé de ser para desear ser.
Entonces llegó el tiempo en que la senda a casa
se tornaba huidiza, serpenteante camino de noches largas.
Olía a pasto recién cortado, a tierra mojada, a magueyes
trozados por un machete y una luna bajo el cobertizo.
Viajé, recorrí muchas sendas. Partía cuando el olor se
volvía familiar. Así dejé la casa para buscar al hogar.
30 de noviembre de 2008
Sala de espera
Escribo estas líneas para tratar de asesinar a los minutos que se han interpuesto entre mi cita con el fisioterapeuta y mi codo con dos placas metálicas. He escapado temprano de la oficina. El viaje me ha tomado casi 3 horas. Los desvíos no me han llevado mas que al sitio al que quiero ir.
A veces es necesario dejar de moverse para poder llegar al destino propuesto.
15 de octubre de 2008
3 textos en el libro ¨La germinación oscura. Muestra de escritores jóvenes¨
Dicho trabajo lo realicé con la colaboración del Maestro Jorge Souza y es una modesta investigación sobre las direcciones que está tomando la literatura de nuestro estado, particularmente de la zona metropolitana de Guadalajara.Los 3 textos son:
Etcétera
La poesía no calla nada.
Dice todo sin hablar siquiera.
Un sonido, una letra; uno que escucha y lee, es poema.
La poesía va más allá.
Se queda inmóvil, silenciosa.
Mira desde la distancia el paso del tiempo.
Siempre es presente.
En la interrogación de lo leído, en la adivinación de la palabra siguiente.
Uno escucha, otra escribe; los dos leen.
No está aquí, escrita en el papel, escuchada por otro.
La poesía es el otro: uno mismo que nunca es.
De tanto mirar y mirar, la vida se vuelve poesía.
Y la mirada, dilatación oblicua de una verdad mal entendida.
Sin poesía, no hay poema ni vida ni mirada.
Cash
Safo
A veces vemos y no sabemos por qué.
A veces elegimos olvidar, dejar pasar
andar de prisa, apresurados
sin voltear a un lado, sin mirar atrás.
Andamos porque no podemos decidir
temerosos del instante, orgullosos de lo ausente.
Si tan solo pudiéramos detenernos, preguntarnos
dejar andar a la conciencia, volar a ella, la imaginación.
Si tan solo el invierno fuera siempre blanco
los ríos dorados, y el bosque, el estado habitual.
Si tan solo pudiera decirte.
Si tan solo me escucharas, por un momento
desde la distancia indefinida, fortuita
de la noche que no amanece, de tu estar fuera, allá
en la profundidad de lo que nunca se puede olvidar.
A veces despierto justo a la media noche
en el inicio del día, tras borrar los deseos
del día anterior
de la vida anterior
del sueño que nunca se dio.
Porque volar es andar a paso lento; soñar,
amanecer de nuevo.
Ando por la noche,
en el negro letargo de la noche.
Y tus ojos… ¿estarán?
Meisterstuck azul
Afuera todos duermen.
El ventilador oscila, incesante; sin sueño.
Domingo: letargo de angostos pasillos por el mall.
El atardecer es el final del día; el crepúsculo,
el de la otra orilla.
Pesadez y ligereza mueven al átomo,
lo manipulan, lo observan; transforman
la luz en porcelanas quiméricas.
Verano. Las lluvias han comenzado.
La humedad refleja las partículas al viento,
suaviza las curvas milimétricas; juega con los humores
incinerándolos cual polvo de estrellas.
Aquí dentro el tiempo se detiene.
El segundero está roto; la música es la ola confiable
en el desierto, en las rocallosas; en mi pulgar izquierdo.
Juego con palabras; me mueven ellas.
Río en silencio; la soledad me devora por dentro.
Ladran los perros. Un perico se detiene frente a mi ventana;
nos miramos, callamos en un intento por abandonar el esfuerzo.
Compañía es un abrazo en el recuerdo, balancearse
frente a una tarde que huele a agujero negro.
La generalización del individuo está en la particularidad del mismo.
Afuera o dentro, el tiempo juega con tu esqueleto,
deteriora el andar de tu cuerpo, reinventa tu alma en el deseo
de conocer el misterio supuestamente verdadero: ¿por qué yo?
Chapuzón
Tirarse un chapuzón a las letras significa ignorar al olvido.
Justo como la prostituta bella de día que se reinventa de noche,
al calor de una huella de polvo amarillo.
O el cocodrilo dormido, más bien dormitando, acechando al
turista desprevenido en un río cerca de Brisbane.
Yo me arrojo de cabeza hacia la red de pixeles y corcholatas;
tal vez, allá al fondo, Chabelo me espere con una mejor catapicsia.
No --no es cuento; vida, quizás vida.
Y un chingo de ganas por escuchar a un periquetero.
5 de octubre de 2008
Sobre el boxeo y la violencia
Digo que unos cuantos, acaso muchos, celebramos la violencia encuadrada al pensar en Rubén Olivares, ex-boxeador mexicano, uno de los grandes que tuvimos en la historia. Pienso en él después de ver un documental sobre Lionel Rose, el aborigen más joven en ganar un campeonato mundial de boxeo, allá en 1968, título que un año después le fuera arrebatado por Olivares. Sin embargo, pienso en Rose contra Olivares pero me llegan imágenes de JC Chávez o el Macho Camacho, a los cuales vitoreé siendo adolescente.
Ahora las marchas me son ajenas; al menos las que violencia llevan. El boxeo ya no es un deporte que mire en la caja negra y la muerte y la violencia que se viven en México no son más que unas cuantas letras en mi computador portátil. Ojalá también fuera así para mis compatriotas y familia, allá en mi querida tierra: Guadalajara.
26 de septiembre de 2008
Huellas
ocupados en el instante, vivimos sin mirar a la vida
pasar. Juventud: permanencia del momento.
Apuesto la conciencia --o el destilado que de ella quede,
a que la tormenta no es tormenta si truenos no lleva. O,
lo que es lo mismo, a que el presente no es huella
si no se mira desde lejos.
Supongo que hay puntos de dilución y estancamiento.
12 de septiembre de 2008
Días de lluvia y sol
Cae, rueda y se resquebraja. Silente no
tiene sueños encendidos ni pesadillas
empapadas de televisión.
Luego todo acaba. Noé sigue
esperando la señal de dios. Catrina, Ike o
el próximo remolino encanijado, pasan
y miran hacia el centro sin ver nada.
El óxido de la porcelana es el sol en el agua.
Lluvia, sol, televisión; un torbellino de días,
un amasijo de telarañas, un día en que el tiempo calla.
6 de septiembre de 2008
Sin título
placebo ni ostiones en su concha mejores que el sexo. No
uno de esos en los que se da la entrega total, donde el otro tras-
pasa los arrecifes y se mira reflejado desde el páramo opuesto; más
bien, si es que la consideración existe y la petulancia
de saberse vivo no es más que un artificio común, el sexo donde
el agujero es negro, el olor es de un desconocido y las bragas mancha-
das de sangre, un consuelo ante la vida.
Hoy duermo cubierto por la mancha de la vida. Me tiro
la almohada sobre la cabeza. Nohaynadaquenovalganada.
Quizás, sólo quizás, mañana amanezca.
24 de julio de 2008
21 de julio de 2008
Caos en orden
(Roberto Bolaño, 2666)
Será que usas a las matemáticas para esconderte de tus sentimientos? Será que la cordura es la renuncia a la felicidad plena, a la vida bien vivida, momento a momento, sin evaluar quién pierde o quién gana?
Lo malo de la vida es que no es como un videojuego. En el PlayStation o XBox, uno puede oprimir START cuantas veces quiera, o simplemente darle STOP y no seguir más por el momento. Acaso el deseo sea de cambiar de vida, de estado de ánimo. Entonces, en lugar de un juego de espionaje uno decide insertar un DVD de carreras de motocicletas o autos Formula 1. Pero en la vida, la que no está en la pantalla, la llamada verdadera, uno ha de aferrarse al camino que tiene por delante. No es posible saltar -o si lo es pero no a la misma velocidad- de una vida a otra. Entonces, hay que seguir la senda, al costo de la cordura. Esto es, mirar hacia adelante, vislumbrar un camino y aferrarse a que por allí se llega. A dónde? Ni puta idea.
Hoy es cumpleaños de Ara.
2 de junio de 2008
Caminos
Valium
Sí, voy a Montreal y lo confieso, el viaje no me tiene del todo exitado. Lo que me desanima es el viaje: Melbourne-Sydney-Vancouver-Montreal. Unas 30 horas, yo creo.
Pero al fin podré comer un poutin como dios manda...
1 de junio de 2008
Patria
Tony es un siciliano que vivió 25 años en Argentina y ahora lleva más de 20 en Melbourne. Casado con una tapatía, de las meras buenas, de las que saben hacer pozole con cabeza de puerco y grano reventado, cree que la patria es el lugar al que uno llega después de deambular por el mundo. No el lugar que uno ha dejado sino al que uno llega. Será que uno se va para seguirse llendo o para volver?
Yo apenas he vivido 8 años fuera de México. Ahora me siento en la línea entre el retorno para siempre o en el exilio permanente. Será que la patria está a la vuelta de la esquina o faltará mucho para llegar a ella?
18 de mayo de 2008
Entre la cama y la mesa
Sin embargo, de tantos viajes que uno hace, de tantos ires y venires entre mapas desconocidos, siempre hay un punto al que uno llama casa. Es allí, muy dentro, muy lejos, muy al fondo, donde uno se encuentra a sí mismo, de nuevo, sin historias que contar o viajes que plasmar sobre el teclado. Es entonces cuando uno se pregunta: si el viaje es viaje simplemente por serlo, ¿de dónde la necesidad de contarlo, de transmitirlo y volverlo digerible para otro, acaso ningún lector? ¿Para qué chingados escribir si puede que a nadie le importe un carajo lo que uno vaya a decir?
Ahora, en cuanto al traslado, ¿es necesario el movimiento para el viaje? ¿Puedo volar e ir de un mundo a otro sin despegar la espalda del sillón Ikea blanco de la sala de mi casa? ¿en qué consiste la capacidad de elección? Yo he viajado, no tanto como he querido, lo acepto, pero lo suficiente para hacerme de una visión del mundo occidental. De cierta manera he ido formando un juicio de valor sobre las posibilidades del viaje, no solo entre ciudades sino entre la cama y el escritorio. Mi elección sobre un `buen lugar´ radica en la posibilidad de hacer este viaje de la manera más placentera y con el mínimo de distracciones no deseadas. Si decido andar en bicicleta, me toma entre 17 y 22 minutos llegar al doble escritorio de la universidad. El camino es placentero para aquel que guste de la naturaleza: entre la cama y la mesa hay un trayecto que va a lo largo de un arroyo o riachuelo. Justo como si me transportara a los toboganes en el bosque La Primavera, a El Coto de la Autónoma o la última sección de Ciudad Bugambilias, por 20 minutos, para luego poder seguirle dando a la actividad intelectual, a la creación de patrones y esquemas inútiles pero que en un país `civilizado´ dan de comer. Así, escribo, y al hacerlo dejo que el viaje fluya y que alguien, acaso nadie, tal vez, se anime a seguir viajando. Acaso sea un mero intento por no pensar en la muerte.
19 de agosto de 2007
Cantos chinos
Sabes todo es finalmente
sólo una deshabitud incesante a morir y a lactar.
Stig Larsson
1.
Nada de cuentos chinos: ni Borges ni
Lao-Tze; travesías de aproximadamente cinco mil
kilómetros, eso sí. Miro al mundo vuelto bits,
reconstruido y reconstituido mediante señales eléctricas.
No hay dolor ni gozo extremo. Televisión y Zoloft, na-da-más.
Si la mira del telescopio apuntara siempre a donde
mismo, ¿dejaría de ser único? Suspendidas en la ne-
gra oscuridad de un beso, sueñan con la tierra roja,
la montaña árida y los arbustos escarchados del país
que siempre dice: ¡qué chingón soy!
Míralas, allí nomás; cientos, acaso miles. Pero, ¿de
dónde la sincronía?
Amaneció.
2.
Estúpidamente sosegada, casi inmóvil. No sé
quién soy. Escucho ruidos, ¿voces quizás? Afuera
todo es transparente, apenas mancillado por él.
Siempre –absurdo recurso de la memoria para apaciguar el dolor.
Siempre –instante de cuatro patas que ronda entre las hojas de eucalipto.
Acaso mañana. Sí, mañana sí.
Dicen que el viaje es largo pero yo les digo: si no es a
viajar, ¿a qué venimos? Emprenderemos el viaje uno de
estos días. No todas están listas; no todas llegarán.
Volaremos sobre el reflejo de los días, en la tierna ausencia
de la Luna otoñal. Nadie tiene el
mapa exacto; sin
embargo… ¿sabremos, en verdad sabremos, a dónde llegar?
3.
Para muchos, una sombra; sólo para unos cuantos fuimos
de verdad. Viramos en espiral desbarajustada. El centro
era hueco; el frío canadiense había quedado atrás.
Vivimos gracias a la muerte. Somos un esquema: re-
petición de la memoria genética. ¿Gaia quizás?
A publicarse en libro Mariposario de Ediciones Papalotzi.
26 de junio de 2007
Anti-homenaje a Valluelos
Con las moscas en la mesa, merodeando, insistentes.
La Isla de Mezcaltitán y su miadero sin puerta; el Bar de
Moe, el Oso Negro y tantos otros: nomás vamos aquí a la vuelta.
Una vez creí en la palabra. Prostituí a la poesía, me emborraché-con-ella.
Aquí, levantas una piedra y brinca un poeta… poetas sin poemas,
poesía regurgitada por viuditas sin rosario, mozalbetes temerosos al fracaso,
licenciados propios y uno que otro obscurantista, panadero o albañil.
Yo me refugiaba de mí mismo bajo la sombra más clara: si corrí, lo hice
torpemente; si volé sin moverme, fue porque mi ángel briago andaba.
Para el Anti-taller de poesía César Vallejo